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También en la jornada del pasado viernes se iniciaba el besapié al Santísimo Cristo del Remedio de Ánimas en el interior de la Parroquia de San Lorenzo y que como viene siendo habitual se dotó de un espectacular altar caracterizado siempre por ir acompañado de una significación teológica, que en este caso versó sobre la creencia en la salvación eterna.

Transcribo a continuación de la galería de imágenes el texto que desde la mayordomía de la Hermandad preparó y repartió a todos los fieles que se acercaron a contemplar el mencionado altar.

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En primer término a modo de retablo, se podía contemplar la representación de nuestra muerte, esa puerta que debemos traspasar para acceder al más allá. En el alegórico retablo las “vanitas”, todo lo que nos aparta de la salvación: tesoros, riquezas, las debilidades humanas, el culto a nosotros mismos. Un sepulcro sirve de trono a la muerte coronada con sus respectivos atributos: la guadaña, el arco, la clepsidra. Dos textos hace referencia a la fugacidad de la vida teerrenal “Finis Gloriae Mundi” (el final de las glorias mundanas) e “in ictu oculi” (en un abrir y cerrar de ojos). También aparece atributos de la noche y la oscuridad como el búho, la máscara y las adormideras. A ambos lados del retablo dos ángeles que apartan su mirada del Divino Salvador mostrando atributos para los que no creen en la rendención: la mortaja y las cadenas, que simbolizan la condenación eterna.

Una vez traspasado el umbral de la muerte sobre el que figura el escudo de la Hermandad, indicándonos la oracion como un medio para alcanzar la salvación, encontramos dos ángeles que nos entregan atributos para acceder al paraíso: la palma de la victoria y la túnica, como revestimiento de Cristo.

Y ya adentrados en la capilla, la luz al final del túnel, la solución a nuestros problemas, la respuesta a nuestros interrogantes, el premio por nuestros sacrificios, la salvacion de nuestras armas, nuestro encuentro con Dios a través de esta imagen de Cristo muerto de la que brota Resurrección y que nos revela que sólo el amor y la entrega, como la que tuvo en la cruz por todos nostorso era la llave para entrar en el Reino de los Cielos. Y nos vuelve a recordar sus propias palabras reflejadas en las Sagradas Escrituras “Ego sum via-veritas et vita” (Yo soy el camino, la verdad y la vida – Juan 14,6)

Y junto a Jesús su madre, María la que siempre está al pie de la cruz, intercediendo por los que lloran, los que sufren, los que padecen, los que son perseguidos, los que han sido abandonados, por los que han perdido la alegría, la esperanza, la fe, la bondad…

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