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Como viene siendo tradicional en la tarde del último domingo de julio la sagrada imagen de Nuestra Señora del Carmen fue traslada procesionalmente a la Parroquia de Santa Catalina con motivo de la celebración de sus cultos mayores y lo hizo recorriendo el tradicional itinerario por las calles adyacentes a su ermita.

La Virgen lucía una heterogénea combinación en cuanto a su vestimenta, con piezas de diferentes ternos, diseños y también tipos de bordados, con la saya bordada con una greca vegetal en cartulinas de fines del XIX, escapulario con motivos de estilo rococó y el manto de motivos vegetales de la década de los veinte que suele lucir en esta ocasión. Dos estrenos aportaba la vestimenta de la imagen; la mantilla en tono ocre que cubría el pelo y un elegante y fino hábito carmelita para el niño Jesús bordado en oro fino, regalo de mi buen amigo y devoto de la Virgen Luis Manuel Jiménez Cobos.

En cuanto al paso el adorno floral se dispuso con múltiples tipologías florales de tonos rosáceos a modos de centros y con dos jarras en la parte delantera justo detrás de los candelabros, que también para esta ocasión cambiaban la habitual iluminación eléctrica por la de la cera que se disponía en las tulipas, aunque la escasa altura de los candelabros y su distancia respecto a la Virgen ofrecieron un pobre resultado en lo que a la iluminación de la imagen se refiere.

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